21 de Octubre 2011.- Sobre la avenida Cuauhtémoc hay jóvenes que cargan instrumentos musicales. La gente pasa y los mira con indiferencia. Un joven de rastas está sentado en la banqueta, recargado sobre una cortina de metal con un tatuaje de colores que reza: Alicia. Es viernes por la tarde y el frío del Distrito Federal nos da la bienvenida. La colonia Roma se pinta de azul nuevamente. En otros lugares tocan otros músicos de grueso calibre, como Jaime López, pero ésta noche es mágica. Ésta noche huele al limo de las piedras del río Mississippi, al polvo de una encrucijada donde un joven vendió su alma al Diablo, huele a campo, a flores de algodón, huele a destierro. Es viernes por la noche en el D.F. y Alicia abre las piernas para nosotros. Ésta noche bailará al ritmo del blues.
A mi lado, los músicos de Zona de Ruido esperan la llamada para subir al escenario. Había llegado la hora. Con los nervios rompiéndonos las manos como una epilepsia alcohólica subimos al escenario representando al, hasta hace poco inexistente, blues veracruzano. “Nos ha costado tanto trabajo y esfuerzo estar aquí. Nos sentimos honrados. Venimos a ofrendarles nuestra luz, desde el fondo de nuestro corazón”. Omar, el más joven de los músicos de Zona de Ruido, hace el conteo. Suena un blues en tonos menores que se arrastra como jazz. Pantalones de mezclilla roídos, playeras negras, chamarras de piel, botas, una voz triste que canta bajo el cielo de la capital. “Noche Felina”, “Delirio”, “Coyote Bar” y “Mañana quizá” encendieron la llama del tributo al más grande compositor de blues que ha parido México: José Cruz Camargo.
Con aspecto de gánsteres, los músicos de Ollín Bantú se trepan al escenario. Comienzan su intervención con la fuerza y la vitalidad que les da su identidad. Después, con una guitarra y una jarana, subió al escenario Roberto González, cantautor rupestre, orgullosamente veracruzano pero chilango por instinto, y con su aguardentosa voz terminó su participación con esa hermosura llamada “El huerto”. Luego, Follaje subió al escenario. Pantaletas mojadas, braguetas duras, corazones latiendo en doce octavos. Una armónica poseída por siete demonios hacía el amor con una boca, blues mexicano con un texto cachondo, cotorro y callejero. Podía escucharse entre compás y compás la sístole y la diástole de los corazones. Al final todo era calor humano. El sudor nos recorría, lamiéndonos el cuerpo.
Después de tanto éxtasis, pensamos que no podía haber algo que superara lo que habíamos vivido, erramos. Entre el público, un carruaje tirado por unicornios se abrió camino, donde un chamán blusero llegaba para terminar el ritual, para cerrar el vórtice que se había abierto esa noche. Sus ojos tenían fuego. Detrás de sus hombros, florecían sus alas. “Gracias a Zona de Ruido, a Ollín Bantú, a Roberto González y a Follaje por el apoyo”, dijo José Cruz. Gimió una guitarra. “Mamá, tengo el corazón muy oscuro, mamá, tengo un corazón pecador…”, y esa sensación de que la vida vale la pena, regresa al cuerpo. Real de Catorce trajo su ofrenda de incienso, fuego y híkuri. La voz, la música y la poesía de José nos llevaron
en una peregrinación hasta el corazón del desierto, sabe que va a morir, pero su arte ha salvado tantas vidas que lo ha hecho inmortal. Y es fuerte. Poco más de una hora duró su concierto, interpretando temas como “La medicina”, “No me dejes por favor”, “Soledad y sol”, “Llévate la historia”, “El blues del atajo” y su rúbrica “Azul”.
Mientras bebía una cerveza recordé una máxima de John Lee Hooker que dice “Uno no se hace cantante de blues. Se nace así”. Entre risas, brincos, lágrimas y cerveza terminó el concierto. Poco a poco el Multiforo Alicia fue quedando vacío después de un merecido tributo a una persona que ha dejado su vida entera en “un polvoso escenario”. José Cruz vive en nuestros corazones, entre tantas canciones, entre tanta poesía. Ha construido un camino lleno de blues y nosotros, sus discípulos, estamos dispuestos a andar por esa senda. La senda bienaventurada del blues. (David Márquez, líder y vocalista de Zona de Ruido, en exclusiva para éste semanario)

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