El 1er Arcón Navideño Hebdomadario 2011 es para: Jesús Armando Pavón Gallardo.

17 diciembre 2011

El juego de la ficción y la realidad

♠ Charla con Mónica Lavín

Estoy frente a mi computadora a la hora señalada, es la primera entrevista que realizo vía Skype, pero tengo la fortuna de hacérsela a una persona de confianza. Mónica Lavín, narradora mexicana, autora de “Yo, la peor”, “La más faulera” y “Hotel Limbo”, estaba dispuesta a conversar sobre su más reciente trabajo: “Las Rebeldes” (Random House – Mondadori), novela que nos acerca a las mujeres que dieron vida a la Cruz Blanca Constitucionalista, un equipo de médicos y enfermeras que atendía a los heridos del ejército comandado por Venustiano Carranza durante la Revolución Mexicana. La calidad del audio me sorprende, es posible adivinar los sonidos ambientales de su departamento en Coyoacán. “Me propuse intercalar dos voces para contar una historia relacionada con la desmemoria, de aquello que nomás no pasa a la historia oficial. Historias de personajes no visibles que se van quedando y que a un novelista le son muy apetitosas.”

El libro se abre como una caja de fotografías en que, cada episodio, nos refiere a estampas que van desde la lucha maderista a las confrontaciones entre los caudillos revolucionarios. “La narración comienza con una fotografía institucional y termina con una fotografía ficticia”, desliza Lavín. Por una parte, la novela se teje entorno a las fotografías y la documentación, y a través de una historia paralela, la de Jenny Page, personaje fruto de la imaginación, de cuya mano nos adentraremos en esos tiempos.

El 17 de marzo de 1913, Leonor Villegas de Magnón, una mujer rica y comprometida ideológicamente con la causa maderista, da inicio a las operaciones de la Cruz Blanca, en ella “se involucraron tanto mexicanos como estadounidenses, tanto doctores como enfermeras”. La frontera norte era un escenario muy diferente a como lo conocemos, “era una frontera no visible, era más un territorio cultural”, apunta Lavín. “Había una ideología compartida sin importar si eras del otro país. Incluso podías pasar de un lado al otro sin papeles. Por eso hablo del río Bravo como herida, desde que tienen que pasar a los heridos clandestinamente ya va siendo una herida de sangre que luego va a ser dramática.”

Junto a Leonor veremos desfilar una larga lista de personajes, casi todos históricos, como Jovita Idar. “Ella es tejana, periodista con muchas agallas, y defiende el idioma español, porque el periódico que escribía en Laredo lo hacía en esa lengua. En Estados Unidos no había enseñanza del español, y sin esto se pierde la identidad, la memoria y la riqueza de tener dos idiomas.” Para Mónica Lavín, ese trío de damas, se abrieron un espacio para participar en la sociedad de su momento. “Eran mujeres de combate, en el idioma, en la identidad, en los derechos de las mujeres, y luego, finalmente, en la causa revolucionaria.”

Durante la trashumancia impuesta por los combates se irán desgranando los nombres de los generales revolucionarios o federales. “A mí me encantó Felipe Ángeles, me parece el más ético, de gran fineza espiritual, además un estratega admirable. Un hombre que fue muy importante para Villa, y que Carranza desperdicia, lo aleja quizás por envidia. Me sedujo este personaje, me atrae lo poco que encuentro de Leonor sobre él. Y, por otro lado, el papelito que hallé en su archivo personal que utilizo para la trama. Este papelito, en el que habla poéticamente de sus cejas y las de Leonor, existe. Estaba muy dobladito, escondido. No es un documento oficial, es un documento personal firmado por Felipe Ángeles. También había ahí un hombre romántico, o sensible.”

El amor deambula en los convoyes militares, en los hospitales improvisados y las trincheras, se adhiere a los personajes como la sangre o el olor a pólvora. Con “Las Rebeldes”, Lavín busca plegarse a la memoria, resucitar nombres condenados al olvido. Eustasio Montoya fue uno de ellos, fotógrafo oficial de la Cruz Blanca y posteriormente de Venustiano Carranza, filmó varias de sus batallas. “Fui a buscar en los archivos de la biblioteca de Laredo, ahí lo ubiqué y supe quiénes eran su madre y sus hermanos. Por un investigador de la Universidad de Nuevo León supe que había tenido un hijo.” Y la interrumpo ¿con una de la Cruz Blanca? “No -responde Lavín en medio de risas- eso hubiera sido muy bueno”, y retoma: “Su tragedia fue que pasó el resto de su vida enviando cartas para que le compraran los miles de pies de filmación que tenía y nunca pasó. Algo que incorporé en la novela al enterarme.”

El cuidado en la investigación y el respeto por la historia se respiran en sus páginas, ello no implica sacrificar la libertad propia de un creador literario. “Aracelito no es ficticio, está mencionada en la memoria de Leonor Villegas; me encantó que se llamara así, por eso nunca aparece su apellido. Es un personaje que veo en las fotos de Leonor y deduzco que fue su protegida, pero no se sabe nada de ella sólo su dilema amoroso.” Vuelvo a interrumpir, ¿era hija de trapecistas de circo? “No, no sé nada más de ella. Hay que inventar una historia de los que sabes muy poco.” Es Mónica Lavín, y es el interminable juego de la ficción y la realidad. (Entrevistó y fotografió en exclusiva: Jaime Panqueva)

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Hebdomadario.- Proviene de la palabra "Hebdómada", que proviene del latín "hebdomada" que a su vez proviene del griego "hebdomás". Significa semanal, semanario.
Sección de cultura y artes publicada cada sábado en Diario del Istmo.